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LA TRIBU DE

MI CALLE

El hip hop como estrategia cultural, armonía de la calle que se canta, se baila, se viste, se pinta, se graffitea. Hablamos con el colectivo Contra la pared sobre el arte urbano y las estéticas de la resistencia

 

Marianela Fernandez integra el colectivo socio artístico Contra la pared, es licenciada en Comunicación y en Sociología por la Universidad de la República. Actualmente se encuentra en proceso de investigación doctoral sobre Sociología del Arte Urbano, con la temática muralismo participativo.

 

Contra la pared

 

Contra la Pared nace en el año 2016 a instancias del tornado de Dolores. Nos convocan como voluntarios para trabajar con Centros CAIF, muchos niños en situaciones de post-trauma y propusimos intervenir a través del arte la reconstrucción emocional. Trabajar lo expresivo para intentar descomprimir la angustia de los niños y las niñas y sobre todo liberar la construcción abstracta del trauma del tornado para poder conversar sobre el tema.

 

Allí comenzamos a concebir una manera que hoy definimos como socio arte, el encuentro entre la propuesta artística y la propuesta social, que tiene una reflexión política muy profunda y en nuestro caso con la especificidad de trabajar con las poblaciones más vulnerables. Esa es nuestra ubicación social, política y estética.

 

Esos talleres tenían como objetivo la expresión, no tenían otra búsqueda, pero ahí encontramos los primeros pasos de un método que hemos venido desarrollando. Estamos escribiendo un libro sobre cómo concebimos la metodología socio artística, que incorpora la participación y una reflexión bastante profunda en relación a la importancia de cuidar los procesos participativos en los procesos de arte.

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Muralismo en La Teja 

 

Nos invitaron al “Pintó La Teja”, también en 2016. Ese evento nos permitió coagular un montón de creaciones artísticas, una filosofía común que tiene que ver con el muralismo en la calle, esta cuestión de tomar un barrio en el buen sentido y componer una obra colectiva que tenga un tema en común y ciertas estéticas acordadas. 

 

La Teja es un barrio que abraza estas expresiones culturales de una manera distinta a otros barrios, aquí encontramos un espacio en el cual desarrollar esta propuesta artística de la manera más fiel que hemos encontrado.

 

En el 2018, nos ofrecen un espacio en lo que es hoy el local de A Punto, al lado del CECUVI, es el primer espacio que tiene Contra la Pared en La Teja, ese es como nuestro centro logístico, aunque en general andamos en la calle.

Contra la pared y el Hip Hop

 

La relación con el Hip Hop tiene dos vertientes. La primera es filosófica y es la concepción desde dónde y con quienes crear arte. Igual que en el Hip Hop, tiene que ver con los movimientos populares y sobre todo los vinculados a los más vulnerables. Hay una cuestión con el arte que sale de las lógicas de las élites, que sale de los museos y que se va a la calle a crear.

 

En la calle es donde nosotros encontramos el contenido, la mirada y la palabra para crear, estamos vinculados a nivel narrativo. La calle te genera una estética determinada y eso no solamente sucede en el muro, se traslada también a los vínculos y sucede en la maneras, en las latencias, en las armonías del arte.

 

Hay una cuestión que tiene que ver con la filosofía, la narrativa y también con una postura política, que es justamente componer a partir de esos relatos a veces invisibles, que no quieren ser escuchados, que rompen las estéticas más tradicionales de la ciudad y en definitiva son las que innovan. El arte urbano y el hip hop, son movimientos de innovación permanente porque no se atan a los paradigmas establecidos, están todo el tiempo tomando la dinámica de la calle, que es diversa, es amplia y es una máquina impresionante de crear.

 

Contra Tiempo

 

Nos empezamos a vincular después de la pandemia a lo que son las líricas urbanas, nos conectamos con Nataniel Rodríguez que conforma un colectivo llamado Tiempo. Un colectivo de raperos, productores musicales, beatmakers, mc y la lírica, que tiene una base filosófica muy similar a la nuestra, una mirada de la calle, de la narrativa urbana, de la resistencia política y social. 

 

El primer proyecto que hicimos juntos fue un formato que nosotros le llamamos tributo, un homenaje a Nahuel Rodríguez y a Totito, dos adolescentes asesinados a la salida de un baile en el año 2018. Totito jugaba al fútbol en la plaza 25 y Nahuel jugaba en las juveniles de Progreso. 

 

Hicimos un muro de recuerdo a Totito a pedido de los gurises de la plaza 25 y ahí fue la primera vez que se compuso la lírica, porque los gurises ese día nos pedían escribir, más que pintar.Tiramos en la plaza dos chapones de madera grandes, mucha pintura y liberamos la expresión de la palabra. Nataniel Rodríguez y Facundo Alsina mirando las palabras que los chiquilines tiraban en la placa, comenzaron a armar con eso barras de rap y a los dos días salió el tema en memoria a Totito. 

 

Es una canción de memoria colectiva, vinculada a la muerte, al dolor, que a través de la lírica y de la expresión gráfica, se materializa, sale del cuerpo, permite como exorcizar el dolor. Ahí entendimos que hay una parte de nuestro trabajo artístico que tiene que ver con el sanar. Comenzamos a trabajar con toda la corriente de lo emocional, el arte y las emociones, el arte terapia dedicada sobre todo a procesos más traumáticos.

 

Otro proyecto con Colectivo Tiempo fue un gran mural en homenaje a Nahuel en el Club Progreso. Le propusimos al club trabajar desde un lugar que quizás para ellos había sido invisible hasta ese momento, las cuestiones de género, las construcciones de las masculinidades y cómo podía abrir un nuevo eje de trabajo con los gurises para descentrar el eje del dolor de la muerte y poner el foco en un componente más estructural.

 

Hicimos un mosaico de tarjetas, en esas tarjetas escribimos palabras y con esas palabras Colectivo Tiempo produjo un tema. Los gurises del Club Progreso cantan el estribillo de ese tema y ese estribillo es el que se lleva a la composición final. El rap y el muro fueron compuestos de forma participativa. 

 

Ahí empezamos con el formato Contratiempo, que era el encuentro de Contra la pared y Tiempo y que jugaba mucho con este concepto de contratiempo, en tanto me detiene y me pone a pensar sobre algo que no tenía planeado.

 

Aprovechar el momento 

 

Es muy del arte urbano aprovechar lo que hay, con los recursos que hay, en el momento que hay. La improvisación y el método de improvisación son absolutamente necesarios y disruptivos. Las propuestas estéticas, las metodologías artísticas, tienen una maleabilidad, una posibilidad tan enorme que te permite abordar casi  cualquier tema y eso es alucinante. Con lo que hay que tener cuidado es con tener un método, aunque improvises es importante saber hacia dónde vas y de qué manera vas a llegar para no cometer errores graves, porque estás trabajando con personas.

 

Además hay otra cosa, vos terminas siendo como un imán que atrae a otros y otras que por ahí solos no se animaban, pero a la luz de un colectivo pueden sumar fuerzas y trabajar un tema más complejo. Con Progreso trabajamos con un colega especialista en temas de masculinidad diseñando la propuesta. También trabajamos con educadores sociales con enfoque en la infancia y adolescencia, vas generando un equipo y eso te da solvencia metodológica, te permite ser un poquito más audaz y se necesita mucha audacia para tomar temas difíciles de abordar. Los adolescentes y los jóvenes también buscan y valoran esa audacia.

 

¿Por qué los jóvenes del oeste de Montevideo siguen eligiendo el hip hop como forma de expresión? 

 

Yo creo que hay una cuestión estética del hip hop que no se acaba nunca porque tiene que ver con esas latencias, esas armonías que rompen y están en la calle. El hip hop es la calle, es el espacio rápido, el espacio oculto, la creación inmediata sin demasiado protocolo, es lo antisistémico, lo anárquico y yo creo que en ese sentido el arte urbano busca recuperar unas místicas de las ciudades que todavía me hacen sentir partícipe de ellas.

 

La musicalidad del Hip Hop es cíclica, vuelve, siempre que el mundo está en un momento de estancamiento el Hip Hop viene y rompe, viene y rompe. Rompe las estéticas musicales, rompe las estéticas urbanas. Siempre que hay algo que gritar y que tiene que ver con romper estructuras políticas y económicas fuertes, el hip-hop se hace presente.

 

Está buenísimo que los adolescentes incorporen al Hip Hop como estética. Primero, porque es una propuesta que no requiere demasiado aprestamiento. El hip-hop no es una moda, es una estrategia cultural, construye resistencia y lo va a hacer siempre que haya desigualdades capitalistas que nos pongan a algunos arriba y otros abajo. 

 

Ciudad intervenida

 

La ciudad que está intervenida, tiene un mensaje tan enorme para el que llega, eso es el graf, es intervenir con narrativa alternativa y que llame la atención. Nadie te va a hacer un graffiti estético para que quede linda una fachada.

 

Hay conversaciones en la ciudad que la gente que está sentada en su casa mirando la tele y escuchando las noticias de Gaza, de Ucrania, de China y de Trump que va a bombardear Venezuela, no escucha, porque está escuchando las narrativas globales que no le explican nada de lo que pasa en su ciudad.

 

Esa gente sale a la calle y le hace ruido que haya un graffiti en la fachada de un edificio público. Sin embargo, pasa por al lado de una persona durmiendo en la vereda y no se le mueve el corazón. Entonces, yo te pregunto ¿dónde están las estéticas?, ¿cuál es la ciudad que estás escuchando, qué ciudad soñás, qué estás haciendo para encontrar esa ciudad que soñás?.

 

Yo le preguntaba a la gente que venía de afuera, ¿qué te está gritando, qué te está pidiendo una ciudad?, ¿vos alguna vez leíste esos grafitis?, ¿sabés que hay grafitis que están compuestos siempre con el mismo grafitero y que cuentan una historia?, ¿vos sabés quién fue Plef, sabés cómo lo mataron?, ¿sabés quién es Ratoncio y por qué pinta un ratón en toda la ciudad? Esto es una defensa desde la sociología urbana, es cómo que nos hemos olvidado de estudiar las verdaderas expresiones ciudadanas. El hip hop y el arte urbano es una de ellas.

 

El grafiti va a seguir estando, igual que el hip hop va a seguir estando, porque es un movimiento estructural, porque se encuentra con las narrativas oficiales y las enfrenta con valentía, muchas veces desde lugares de mucha precariedad, precariedad que también habilita a tomar la palabra y a manifestarse.

 

El hecho de que una ciudad esté intervenida habla muchísimo de la democracia simbólica. Hay una cuestión de poder panóptico impresionante donde el arte urbano sigue siendo el camino válido, porque es la única manera habilitada socialmente para decir eso que es incómodo. No tenés medios de comunicación, no tenés espacios legitimados para gritar todo lo que te duele en una ciudad. Lo encontrás en la calle, lo encontrás de manera anónima y la manera anónima es la manera inmediata. Por eso está intervenida una ciudad, porque tenemos tantas cosas para decir y no hay lugares donde nos escuchen y los adolescentes lo saben y se abrazan al hip hop, se abrazan al rap, se abrazan a las batallas, se abrazan al muro, se abrazan al graf. Yo sé que hay gente que no lo acepta, pero está buenísimo en términos sociales que exista.

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