EJERCER UN DERECHO

Recibimos a Patricia Pujol, periodista, escritora, docente, tejana e integrante de la Red de Colectivas Refuleras, para hablar sobre la situación del fútbol femenino en Uruguay, el papel de los medios de comunicación, el vínculo entre fútbol, barrio y comunidad y la posibilidad de construir nuevas formas de narrar y vivir el fútbol.
El fútbol femenino en Uruguay
Las futbolistas cuentan con muy poca infraestructura para desarrollarse en nuestro país. En algún momento hubo una intención manifiesta de profesionalizar o tender hacia la profesionalización, particularmente en las divisiones mayores, sin embargo, nosotras creemos que hoy existe un retroceso.
Hay equipos que claramente tienen un desarrollo deportivo y de infraestructura que les permite aspirar al campeonato, mientras que otros están muy lejos de esas condiciones y eso se refleja en algunos resultados muy abultados en la cancha. La competencia interna se hace cada vez más difícil, eso es algo que nosotras no solamente denunciamos, sino que intentamos poner sobre la mesa.
Hay mucha gente que pone muchísimo trabajo y dedicación. Hay profesionales de la medicina, integrantes de los cuerpos técnicos y muchas otras personas que trabajan solidariamente en los clubes. También hay socias que se acercan para trabajar en las comisiones de fútbol femenino y eso tampoco es sencillo, cuesta mucho establecerse en esos espacios donde circula el poder dentro de los clubes deportivos.
Hay un arraigo local muy importante, eso es algo que yo destacaría del fútbol uruguayo en términos sociales. Entiendo esa relación desde el corazón y desde la experiencia de aprender a vivir el fútbol sentada en el Paladino, hay una cuestión social que circula dentro del deporte, más allá de otras implicancias.
Los campeonatos
Hay poca planificación, se sabe muy poco de antemano y eso también afecta a las jugadoras. En determinado momento alzaron la voz para decir que no querían jugar más en complejos que quedaban lejos, donde era difícil llegar y donde las infraestructuras tampoco ayudaban.
Ellas se organizan de manera muy solidaria para llegar a las canchas, especialmente con quienes no tienen transporte. Cuando no existe una planificación concreta, ocurre que entre un campeonato y otro muchas jugadoras se van o se trasladan de un equipo a otro, no hay un sentido de pertenencia.
Sentís que tú trabajo y esfuerzo dentro de ese lugar no está siendo visto o valorado y terminás cambiándote de camiseta. No se necesitan grandes transformaciones para empezar a tener estas cosas en cuenta y cambiar algunas condiciones.
La Asociación Uruguaya de Fútbol muchas veces plantea que el problema es el dinero, pero hay muchas cosas que no requieren grandes inversiones. Un mínimo de planificación debería existir y eso no cuesta nada.
La mayoría de las jugadoras trabajan, estudian, tienen sus propias vidas y responsabilidades de cuidado. Si a eso le sumás un campeonato mal planificado, horarios inconvenientes y dificultades para trasladarse, todo se vuelve mucho más complicado.
Obligatoriedad del fútbol femenino en Primera División
En una conversación entre compañeras surgió una pregunta: ¿qué pasaría si las jugadoras directamente no se presentan? Sería una forma de cuestionar esa obligación formal, pero también nos enfrenta a otra cuestión, ¿por qué una jugadora o una directora técnica tendría que tomar la decisión de correrse de la actividad para que los clubes asuman que existe un derecho?
Las mujeres tienen derecho a practicar el deporte que quieran y el fútbol es un deporte popular que significa muchísimo más que estar dentro de una cancha. Es un deporte que se juega asociado con otras compañeras, donde aprendés muchas cosas que no tienen necesariamente que ver con el juego.También está el barrio, el espacio de encuentro y la posibilidad de compartir.
¿El fútbol femenino “no es negocio”?
Hay una posibilidad de negocio y no voy a negar que la Asociación Uruguaya de Fútbol comenzó a transmitir partidos de fútbol femenino y a generar determinados espacios. Eso existe y es positivo, aunque todavía hay muchísimo para mejorar.
Tenemos que preguntarnos qué se hace para generar interés, si colocas un partido de la selección femenina en una fecha y en un horario totalmente inconvenientes, evidentemente no estás generando las condiciones para que sea un evento masivo.
Yo fui a todos los partidos de la selección en el mundial juvenil que organizó nuestro país y había mucha gente en el estadio. Quizás no era la misma cantidad de público que está acostumbrada a recibir el fútbol masculino, pero había mujeres, niños y personas que habían quedado alejadas del fútbol por diferentes circunstancias.
Uruguay en la región
En Argentina hay muchas jugadoras de la selección que están jugando en clubes del país y existen otras condiciones. Hay un mayor desarrollo mayor, especialmente en infraestructura y posibilidades, con algunos matices, porque también existen precariedades y hay muchos esfuerzos puestos en los clubes.
Brasil es una potencia del fútbol femenino. Allí se juegan muchísimos más partidos que en Uruguay, las jugadoras tienen mucho más rodaje, reciben un salario y pueden entrenar en otras condiciones. Hay varias jugadoras uruguayas destacadas que están jugando en Brasil. Históricamente Brasil ha tenido jugadoras y equipos muy importantes a nivel mundial.
México tiene una liga muy fuerte, muchas jugadoras uruguayas aspiran a jugar allí si no tienen la posibilidad de ir a Europa. Colombia también ha desarrollado mucho su fútbol femenino, desde las categorías más pequeñas hasta su liga. En las últimas competencias internacionales ha tenido resultados muy importantes. Pero todos esos países también tienen problemas, nunca es un desarrollo sin dificultades.
Uruguayas por el mundo
Muchas de las mejores jugadoras uruguayas están jugando en el exterior. Eso demuestra que hay talento, pero también significa que tienen que emigrar para poder desarrollar su carrera y no necesariamente emigran para ganar muchísimo dinero.
Hay jugadoras que estuvieron años jugando en Europa y cobraban sueldos que podían ser relativamente bajos, teniendo que vivir lejos de su familia y de su lugar de pertenencia. La diferencia con el fútbol masculino sigue siendo enorme.

Ver para creer
Después del Mundial Sub-17 que se realizó en Uruguay hubo un crecimiento muy importante de la cantidad de niñas que juegan al fútbol y eso tiene que ver con que se visibilizó y se mostró que el fútbol también es un terreno posible para una mujer.
Todavía hay resistencias porque la sociedad cambia muy lentamente, pero algunas barreras se fueron derribando. Ahora hay clubes donde las niñas pueden jugar y desarrollar su actividad, también hay ligas y diferentes propuestas para comenzar y esto sucede en todo el país.
¿Qué papel tiene la comunicación en ese proceso de crecimiento?
Creo que el fútbol femenino tiene una oportunidad muy importante, no repetir lo que salió mal del fútbol masculino. No tenemos que empantanarnos en todo lo que no está bien del fútbol masculino, tanto en lo organizativo, como en lo político y en la comunicación.
En la región hay cada vez más colegas trabajando específicamente sobre fútbol femenino, también hay más libros e investigaciones desde distintas disciplinas. Eso empezó hace relativamente poco y creo que le hace bien al desarrollo del fútbol femenino.
Hay una invisibilización del campeonato femenino. He trabajado en medios donde el fútbol femenino tenía un lugar dentro de la agenda, como La Diaria o Radio Uruguay, pero eso no ocurre en todos los medios.
También existe una dificultad dentro del periodismo deportivo porque muchas veces se lo considera un subgénero y se lo aborda desde una lógica muy marcada por la opinión y la mesa de debate, cuando las mujeres accedemos a esos espacios, muchas veces somos ninguneadas. No porque no tengamos nada para decir, sino porque existe una jerarquización del valor de las voces. Hemos sido tratadas así durante toda la historia, no es raro que estemos hablando de esto pero es cansador.
Hay algo para pensar en los medios de comunicación, como lo que están haciendo ustedes, de dar un espacio, con la seriedad que merece pero a su vez con la alegría de estar construyendo una nueva narrativa.
Otra voz
El relato es un rol muy importante en una transmisión deportiva, la relatora o el relator muchas veces conducen la transmisión, son quien la abre. Las mujeres no solemos ocupar esos lugares de preponderancia en los programas deportivos. Muchas veces somos comentaristas, movileras o personas que cumplen un rol secundario.
Creo que las mujeres tenemos la posibilidad, según nuestra perspectiva, formación e impronta, de no repetir determinadas formas de narrar. Podemos construir un relato que no arrastre las mismas discriminaciones, ni las mismas expresiones violentas que tiene el fútbol masculino, eso me parece una oportunidad.
Hay elementos técnicos que necesariamente forman parte del relato: decir dónde está la pelota, describir la trayectoria, identificar a las jugadoras y otros detalles, pero también existe la posibilidad de incorporar contexto.
En un Mundial, podés hablar del contexto en el que llegan los países, de sus historias y de todo lo que hay detrás de una competencia. En el Mundial femenino de 2019 en Francia, me tocó trabajar con Adriana Laca como comentarista, en ese momento aparecía mucho el tema de la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina y el pañuelo verde estaba presente en las tribunas… si tenés ese dato, es información de contexto que puede ser interesante para una transmisión deportiva. El fútbol también es cultura y la comunicación puede aportar desde ese lugar.
Mujeres en los espacios de decisión del fútbol
Hay una tensión, muchas veces se entiende que si hay mujeres en los clubes, entonces lo mejor es que ocupen la Comisión de Género, que se ocupa de cuestiones sociales. Es como decir: “Ya tenés la Comisión de Género, ¿para qué querés estar en la directiva?” Esa mirada existe y persiste, como en la política.
Las colegas ocupan esos espacios admirablemente porque siempre son las no bien recibidas, las “ mujeres aguafiestas”, las que están arruinandoles la fiesta del patriarcado. Hay compañeras que trabajan en protocolos de actuación ante casos de violencia, abuso y acoso, intentando determinar institucionalmente qué responsabilidad corresponde cuando sucede algo así. Muchas veces son vistas como “las pesadas” o “las que siempre están con el mismo tema”.
Es importante que haya mujeres que digan: “esto lo vemos y no nos parece bien”, pero esa tensión genera que muchas compañeras no puedan permanecer durante mucho tiempo en esos espacios.
¿Qué es el fútbol para vos?
Es una actividad cultural y de grupo que me sigue emocionando. Ya no me emocionan algunos macroeventos, pero el fútbol como juego me sigue emocionando.
Es un juego muy ágil, que permite en algunas ocasiones que un equipo que a priori sea muy inferior pueda obtener un resultado favorable contra otro que aparentemente es superior. Esa magia es algo que en otros deportes es mucho más difícil de encontrar. Cada vez es más difícil en el fútbol, pero siempre existe una cuota de algo mágico y eso se construye, no viene de los astros, es consecuencia de acciones.
A mí me importa mucho el proceso grupal que propone el fútbol en los clubes, desde el equipo hasta su entorno, el club, el barrio, el país, la región. Me parece una actividad cultural maravillosa y por algo nos tiene a muchas y muchos encantados.
Hay un valor por el juego, por el encuentro con otras personas, por la diversidad que puede proponer el terreno de juego, también está el respeto al equipo adversario y a la propuesta que trae, eso es lo que siempre me gustó del fútbol.
Progreso y La Teja
Yo aprendí a amar el fútbol sentada en una tribuna, los fines de semana el evento familiar era ir a ver a Progreso a la cancha, eso fue así toda mi vida. También significaba encontrarme con los vecinos, con el verdulero, con las personas del barrio. Yo vi a Progreso campeón en 1989 e hice la vuelta olímpica como todos los que estuvimos ahí. Es una emoción muy fuerte.
Tengo personas del club que quiero mucho y que son parte de mi vida en La Teja, las cenizas de mi padre están en el Paladino. Es una historia familiar muy emotiva, pero
también está muy vinculada a lo que siento por La Teja.
Es pertenecer, es sentirse vecino o vecina de otra persona que te importa y que te interesa. Sé que hay algo romantizado en lo que digo y que después la vida tiene otras cosas, pero para mí tiene ese sentido. Ser hincha de Progreso y vivir en La Teja, tenía un sentido político de pertenecer a la comunidad.
Mis padres se hicieron parte de Progreso porque vinieron a vivir a La Teja. No eran de toda la vida de Progreso. Llegaron al barrio en la década de 1980, en un contexto político donde La Teja tenía un arraigo de base social muy importante. Para mí, el fútbol era encontrarme con las compañeras del barrio y de la escuela, era saber qué estaba pasando en mi comunidad.
Mi vida hoy es distinta porque me fui a otro lugar, pero mi madre sigue viviendo acá y esas redes siguen existiendo. Cuando voy a la cancha me encuentro con vecinos, he visto crecer a sus hijos y a sus nietos. Es algo que se va heredando de alguna manera, ese sentido de pertenencia y ese cariño por la comunidad.
Creo que este acercamiento con el periodismo deportivo tiene ese sentido, no soy ingenua, sé que hay millones de dólares, pero por otro lado pero me parece que lo más destacable de esa transmisión, es justamente el vínculo con lo territorial, eso es algo que me interesa que no se pierda.



