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LUCHA COLECTIVA

Conversamos con Pía Echenique, ex jugadora, entrenadora, docente académica e investigadora, sobre la necesidad de reglamentaciones, las condiciones desiguales, la desprotección de las futbolistas y el fútbol como herramienta de cambio social. 

 

Pia Echenique es Licenciada en Educación Física, entrenadora de fútbol y tiene una diplomatura de Género y Deporte entre otros cursos y formaciones en la materia. Como futbolista, jugó en Defensor Sporting Club y Club Náutico.

 

Como docente e investigadora, su trabajo académico se centra en el fútbol practicado por mujeres, las desigualdades de género en el deporte y la construcción de un fútbol más inclusivo.

 

Uno de sus principales aportes es el proyecto “Picaditos Etnográficos”, un Espacio de Formación Integral del ISEF que desde 2019 investiga el fútbol femenino uruguayo a partir de las experiencias de sus protagonistas: jugadoras, entrenadoras, árbitras y dirigentes. El proyecto busca generar conocimiento sobre la historia, las condiciones de práctica y los procesos de profesionalización del fútbol femenino en el país.

 

¿Cómo nació tu relación con el fútbol y cómo se fue desarrollando junto con tu carrera profesional y deportiva?

 

Arranqué como casi todas las mujeres de mi edad jugando en la escuela o en espacios donde siempre había varones. Yo soy del interior y cuando llegué a Montevideo me encontré con otro grupo de mujeres que teníamos experiencias similares, no encontrábamos espacios exclusivos para jugar al fútbol. Nuestras trayectorias siempre habían sido con varones, siendo muchas veces las únicas niñas que jugábamos ahí y rompiendo distintas barreras para poder acceder a esos equipos.

 

En el ISEF, mientras estudiaba la licenciatura, formamos parte de un equipo que jugaba en Bienestar Universitario en el campeonato Interfacultades, que continúa siendo hasta hoy un espacio amateur de fútbol once femenino.

 

Actualmente juego de forma amateur en un campeonato de fútbol 7 con varias divisionales Montevideo Girls Cup. Tuve un paso por clubes profesionales, pero es difícil conciliar el trabajo con el fútbol, porque hoy por hoy no es una actividad remunerada.

 

Picaditos Etnográficos

 

A partir del encuentro con otras mujeres en la licenciatura y de empezar a jugar en Bienestar Universitario, fuimos reconociendo distintas violencias que sucedían. Había condiciones de práctica diferentes para nosotras y para los varones, horarios más excluidos y distintas dificultades que nos fueron llevando a pensar en un proyecto.

 

Así surgió el Espacio de Formación Integral que hoy lleva varios años funcionando en la Universidad “Picaditos Etnográficos”. El proyecto busca visibilizar situaciones que suceden cotidianamente en el fútbol practicado por mujeres y que, en ese momento, ni siquiera eran nombradas.

 

La actividad todavía no es profesional, si bien hay algunos clubes que tienen condiciones que permiten remunerar a las jugadoras, la mayoría no lo hace más allá de algún viático o ingreso. Las jugadoras tienen que trabajar y además, participar de las prácticas de fútbol. Es un doble trabajo.

 

A eso se suman los lugares donde se practica, los tiempos de traslado, la desprotección ante las lesiones, las mujeres que maternan, etc. Todo estos factores hacen que muchas veces se vuelva incompatible la trayectoria profesional de una mujer, con una posible trayectoria como futbolista.

 

Depende de con quién nos juntemos en lo que trabajamos. Con las compañeras de Progreso, sabíamos que estaban preocupadas por cómo estaban viviendo la práctica deportiva. Fuimos a jugar un partido con ellas, a saber cómo se sentían y a problematizar qué les pasaba después de terminar un partido. Fue una práctica de acompañamiento: escucharlas y tratar de acercar alguna herramienta. 

 

En otros espacios trabajamos con niñas y abordamos cuestiones vinculadas a las expresiones de género, la identidad de género y las violencias que aparecían. Cuando fuimos al Instituto Nacional de Rehabilitación, sentimos que la necesidad era, sobre todo, generar un espacio para practicar deporte y conocer las trayectorias deportivas de esas mujeres. 

 

El proyecto va mutando de acuerdo con las personas con las que nos encontramos. El deporte puede ser un facilitador para hablar de cosas que de otra manera son difíciles de abordar, si se generan los espacios de confianza adecuados. 

 

Políticas de Conmebol que impulsaron la creación de equipos femeninos y formativas

 

Sin duda permitieron el desarrollo de toda una estructura. No solamente obligaron a los clubes a desarrollar la Primera División, sino que fue un proceso que también desembocó en que hoy tengamos campeonatos juveniles bastante desarrollados.

 

Más allá de que la palabra “imposición” pueda resultar extraña, creo que fue una política que nos permitió estar donde estamos hoy. En muchos clubes el fútbol femenino funciona por obligación y ahí entra la calidad con que lo desarrollan.

Uno de los clubes con los que trabajamos fue Progreso. Cuando se dió la fusión con la Universidad de la República, las categorías juveniles sufrían goleadas muy abultadas. Entonces aparece una pregunta: ¿a qué costo generamos los espacios de fútbol femenino y con qué condiciones?

 

Hay niñas o adolescentes cuyo primer acercamiento a la práctica deportiva es justamente ahí, en espacios donde no están dadas las condiciones o no hay un acompañamiento adecuado. Si tienen como primera experiencia deportiva entrar a una cancha y recibir quince goles, no es el mejor escenario para seguir.

 

Condiciones desiguales

 

Las condiciones de práctica dispares tampoco hacen atractivo al campeonato y generan trayectorias totalmente diferentes. No es lo mismo una jugadora que entrena en Nacional, que una jugadora que entrena en otros clubes que no tienen ese soporte.

 

Más allá de lo económico, también hay una cuestión de intencionalidad. Todos los años nos encontramos con situaciones de violencia: jugadoras que utilizan ropa del masculino, equipos que llegan al momento del partido y no pueden presentarse o clubes donde cambia la directiva y se desmantela todo lo que se había construido. Una jugadora puede quedar a mitad de año sin club porque se le quitan las condiciones de práctica que tenía, eso todavía no se ha superado.

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Mover la aguja

 

Creo que una de las cosas que tenemos que hacer es acercar estas discusiones a la sociedad y generar un cambio de mentalidad. La lucha no puede estar reducida a las mujeres que juegan al fútbol. Hubo un período, entre 2019 y 2021, de avances y mucha visibilización. También hubo momentos muy significativos después, pero actualmente estamos en una especie de meseta.

 

Me parece fundamental que esas discusiones trasciendan el campo de las mujeres que juegan al fútbol y puedan integrarse en una política pública. Hay que cambiar la mentalidad de quienes comentan en las redes sociales y ante un video de mujeres jugando al fútbol, hacen el mismo comentario misógino de siempre. Hasta que no logremos que la lucha deje de estar individualizada en un grupo de jugadoras o en quienes practican fútbol, va a ser difícil mover la aguja.

 

Hay campeonatos amateurs de fútbol 5, 7 y fútbol sala. ¿Qué importancia tienen esos espacios?

 

Sin duda que son muy valiosos, el fútbol federado representa solamente un espectro muy reducido. Hay muchas mujeres a las que les gusta jugar al fútbol y que quieren acceder a otros espacios de práctica.

Creo que justamente en esos lugares es donde más hay que disputar las lógicas de cómo jugamos y cómo nos nombramos. También las formas en que festejamos un gol o a quiénes tenemos como referentes. Todo eso se construye en los espacios comunitarios, en las plazas de deporte y en la calle. Por eso es sumamente significativo dar la charla y discutir en todos esos espacios.

 

Cuanto más se democratice el acceso y cuantos más espacios de práctica haya para que las mujeres puedan jugar, más se amplifica todo esto. Cuando iba a la escuela me pasaba lo mismo: dejaba de ser “el bicho raro” o la excepción cuando empezaba a ser normal ver a una gurisa jugando al fútbol en la calle.

 

Referentes, televisación y desinterés

 

En algunos encuentros nos pasó que preguntábamos por referentes del fútbol femenino y no tenían, no miraban fútbol femenino. Por eso la televisación es importante, si queremos que haya más gente siguiendo el fútbol femenino, que haya sponsors y que exista un crecimiento económico, primero tenemos que generar condiciones para que eso suceda.

 

Si querés un producto de calidad para que la gente lo mire, lo consuma y eso genere dinero, primero tenés que generar las condiciones mínimas para que ese producto pueda venderse.

 

Pongo un ejemplo muy sencillo. Si el partido más atractivo del Campeonato Uruguayo es un clásico entre Peñarol y Nacional, pero el público no puede entrar libremente porque solamente se habilita un grupo reducido de personas, es difícil potenciar ese espectáculo. No podés decir que algo no vende cuando desde el comienzo no generás las condiciones mínimas para que la gente pueda ir a verlo.

En el fútbol europeo femenino vende y vende mucho. Los grandes clubes han identificado que cada vez más mujeres van a ver fútbol y también hay un mercado alrededor. El Real Madrid y el Barcelona pueden tener estadios con decenas de miles de personas y vender camisetas de sus jugadoras. No es ciencia ficción, funciona.

 

Por supuesto que allá también existen violencias y desigualdades en las condiciones de práctica. Pero está a la vista que, si se impulsan determinadas condiciones y existe una intención, las cosas funcionan, sea desde una lógica mercantil o no. 

 

Lo que indigna particularmente a quienes estamos en esto es ver que no hay suficiente interés. Todos los años tenemos dudas sobre cuándo comienza el campeonato, cómo va a ser y cuáles serán las condiciones.

 

Y si me rompo… 

 

En 2022 se creó el Departamento Femenino de la Mutual y creo que el punto más fuerte de ese proceso fue el paro de 2023. Ahora no sé exactamente cómo está funcionando, pero es un espacio que hay que cuidar. Tener un espacio de representación como trabajadoras es, sin duda, una conquista.

 

Si una futbolista se lesiona, no tiene un contrato de trabajo y tiene que resolver esa situación en su otro trabajo, ir a trabajar igualmente o pedir licencia y además, afrontar los costos de la lesión. Ya no solamente paga para jugar al fútbol y disfrutarlo, sino que cuando le pasa algo queda completamente desprotegida. 

 

Si no generás un estatuto específico para las jugadoras, no vas a poder alcanzar un contrato de trabajo que te reconozca como trabajadora, una condición básica y mínima que permita decir “si me rompo una pierna jugando al fútbol, tengo derechos”.

 

Una primera política podría ser establecer un compromiso de todos los clubes para generar un contrato base, fijar una remuneración inicial que permita que la jugadora sea reconocida como trabajadora y tenga determinados derechos como cobertura médica, respuesta ante una lesión o frente a situaciones como que el club te deje a mitad de temporada.

 

Crece desde el pie

 

Hay una diferencia enorme entre empezar a desarrollar una técnica a los cinco años o comenzar a practicar el deporte a los 16 años. Una política fundamental fue permitir que las niñas pudieran jugar tanto en categorías mixtas como en categorías exclusivas para ellas. Eso significó un salto importante.

 

Las jugadoras que entrevistamos y que habían jugado al fútbol mixto relataban experiencias diferentes. Cuando tuvieron la posibilidad de jugar fútbol infantil femenino lo disfrutaron mucho, pero también hay que poner la lupa en cómo se desarrolla ese espacio.

 

La formación de entrenadores y entrenadoras es fundamental, porque el fútbol infantil depende mucho de la dirección técnica y de cómo se plantea la propuesta. Quienes pasan por una cancha de baby fútbol y escuchan lo que sucede allí, saben que muchas veces el resultado termina siendo más importante que la participación.

 

Hay gurises que van y no juegan nunca. Los ponen cuando el partido está cinco a cero. Eso también hay que problematizarlo cuando hablamos de fútbol infantil femenino.

¿Hacia dónde debería caminar el fútbol femenino uruguayo?

 

Creo que sabemos hacia dónde queremos ir, aunque todavía no sabemos exactamente cómo hacerlo. Una de las cosas fundamentales es que esto no sea por obligación, sino por intención… para eso necesitamos un cambio en la sociedad y en la mentalidad.

 

No podemos pensar solamente en el fútbol federado. Tenemos que ensanchar la base, generar espacios de práctica y lograr que más niñas y mujeres puedan acercarse al fútbol. También necesitamos que las jugadoras, las árbitras, las periodistas, las entrenadoras y
todas las personas que forman parte de este campo puedan tener voz.

 

El fútbol no lo construyen solamente las jugadoras. Lo construye toda la gente que las rodea. Por eso me parece fundamental generar espacios como este, con esta mirada y replicarlos… y sobre todo, que las mujeres puedan disfrutar del fútbol.

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