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NUESTRO PROPIO CAMINO

Graciela Rebollo fue protagonista de los principales hitos del fútbol femenino en nuestro país, su relato nos lleva por el baby fútbol, las formativas, la selección juvenil, el mundial, el desarrollo del fútbol en el interior y las claves para el crecimiento del deporte.

 

Graciela Rebollo es profesora de Educación Física, entrenadora y una de las primeras mujeres en Uruguay en obtener la licencia de entrenadora profesional. Su vínculo con el fútbol comenzó en el fútbol infantil. En 2011 asumió como entrenadora de la selección uruguaya Sub-17 y al año siguiente dirigió al equipo que fue subcampeón del Sudamericano de Bolivia y consiguió la clasificación al Mundial de Azerbaiyán. Actualmente trabaja en distintos programas de la Secretaría Nacional de Deportes.

 

¿Cómo comenzó tu vínculo con el fútbol?

 

Por un tema generacional, no practiqué fútbol en equipos. Jugaba en el barrio, con mis primos, amigos y tampoco existían muchas puertas para que pudiera jugar desde pequeña.

Hice todo el profesorado de Educación Física en Maldonado porque quedé fuera de los cupos en Montevideo. Después llegaron los hijos y empezamos a acompañar a los niños y a los sobrinos al baby fútbol. Yo estaba al costado de la cancha tomando mate como cualquier padre, pero de a poco empecé a colaborar con las entradas en calor y con algunas tareas, ahí comenzó todo.

 

Un día un técnico de los veteranos me preguntó: “¿Y la nena, no juega?”… yo miré para el costado y me di cuenta de que nunca le había preguntado a mi hija si quería jugar. Estaba cometiendo el mismo error que habían cometido conmigo durante mi infancia. Le pregunté, dijo que sí y se metió a la cancha para no salir más. Era la generación 1996, una época en la que la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI) comenzaba a incorporar a las niñas al fútbol infantil.

 

Soy técnica con licencia Pro y también tengo formación en Gestión y Derecho del Deporte. Me recibí de técnica en 2009 en la ACJ, fui la tercera mujer en todo Uruguay en obtener ese título. 

 

Mi primera experiencia DT fue en Colón, es un club que tiene un lugar muy especial en mi corazón, porque ahí llegamos como familia al baby fútbol y vi crecer todo ese proceso: las ligas, el entorno, el barrio, la organización.

 

En aquella época había algunas niñas jugando de las generaciones 94 y 95 y mi hija Valentina era la única 96. Eso también me permitió observar cómo se iba desarrollando el proceso. 

 

En la década de 2000, ONFI comenzó a permitir el registro de niñas. Al principio se habilitó el registro de una niña por equipo y después se amplió. En 2005 se creó el Departamento de Niñas. Fue un proceso de ir empujando de a poco.

 

Hace la diferencia

 

Los profesores hablamos de experiencia motora, experiencia en el campo, resolución de problemas, ubicación en la cancha y muchísimas cosas que se adquieren jugando, chiveando, practicando y equivocándose. Cuanto antes puedan empezar, mejor. Siempre decimos lo mismo: las puertas tienen que estar abiertas desde edades tempranas… pero eso no sucede en muchos casos.

 

Colón pionero del femenino

 

Colón fue pionero incluso antes que Peñarol y Nacional en el fútbol infantil femenino. Después, junto con Rampla y otros clubes, tuvo un peso importante en el fútbol femenino de mayores y llegó a clasificar a una Copa Libertadores.

 

Lo importante es plantar las semillas, pero no alcanza solamente con plantarlas. Colón fue muy distintivo, pero hoy no tiene fútbol femenino. Eso demuestra que muchas veces los procesos dependen de determinadas personas y no de una estructura organizativa. La pregunta es: ¿quién se apropia de ese proyecto? Tenemos que seguir formando dirigentes, delegadas y personas que puedan sostenerlo.

Creo que hoy la cabeza dirigencial es la que tiene que acompañar esta evolución del fútbol femenino. La AUF también tiene un papel importante, porque hay que generar condiciones generales, no puede quedar supeditado solamente a la voluntad y la fuerza de dirigentes puntuales.

 

En 2011 asumiste como entrenadora de la selección Sub-17. ¿Cómo se dio ese proceso?

 

Se pidió una carpeta de méritos para elegir a las entrenadoras de las selecciones Sub-17 y Sub-20. Fabiana Maggiolillo y yo fuimos las dos técnicas con mejor puntaje. Me dieron a elegir y preferí las más chicas, tengo una cabeza muy docente: pienso en el semillero, en plantar, crecer y formar a los gurises y las gurisas. 

 

Sudamericano de Bolivia

 

Fuimos vicecampeonas del Sudamericano Sub-17 de 2012, ganamos seis de los siete partidos y perdimos solamente contra Brasil 1 a 0 en la fase final. Marcamos 19 goles y recibimos 9, conseguimos una de las plazas para el Mundial y Yamila Badell fue la goleadora del torneo.

 

En Bolivia yo era la única mujer en el cuerpo técnico. Al principio, los periodistas locales llegaban corriendo a entrevistar al cuerpo técnico y se dirigían a Germán Orozco o a Liber Correa. Ellos les señalaban y les decían: “La jefa, está allá”, quedaban desorientados. Después se acostumbraron, pero al principio les costaba ver a una mujer como entrenadora.

 

Scouting y preparación

 

Por momentos nos separábamos y por momentos íbamos juntos a mirar partidos. Fuimos al interior y gracias a eso surgió Pamela González, que es nuestra capitana actual y está jugando en el exterior. Apuntábamos números, jugadoras, puestos y después nos reuníamos para compartir la información. 

 

Había diferencias enormes entre los clubes, tuvimos que hacer una nivelación, especialmente desde la preparación física y desde conceptos básicos del juego. Hoy esas diferencias todavía se ven. Hay partidos con resultados muy abultados, pero detrás de esos resultados también hay diferencias físicas, técnicas y de formación.

 

La parte física es fundamental. En el trabajo que hacemos también aparece mucho el tema de las lesiones. ¿Por qué tenemos las lesiones que tenemos? Muchas veces no existe un acompañamiento, ni una conciencia sobre el cuidado del cuerpo. Hay que hablar con las adolescentes de preparación física, alimentación, descanso, hidratación y prevención. Son cosas básicas.

 

Con las jugadoras adultas, la situación se vuelve todavía más compleja. Muchas trabajan, tienen familia y una vida cotidiana que sostener. Además, ponen su cuerpo en riesgo para disfrutar del deporte y muchas veces no existe un correlato económico.

 

Sin lugar a dudas tenemos que pelear por el profesionalismo en el fútbol para las mujeres. Pero también tenemos que ser profesionales a la hora de practicar, educar, dirigirnos a ellas y darles las herramientas que corresponden. No se trata solamente de querer el resultado del fin de semana.

Estudiar en el nocturno

 

Después te dicen no funciona tal o cual programa o plan porque los números son estos o aquellos. Un estudiante extra edad no tiene acceso a ceibalitas, no tiene acceso a un dispositivo, no tienen boletos gratis y a veces son jefes o jefas de hogar, a veces tienen menores a cargo que pueden ser hermanos o otros familiares que conviven con ellos. No tener acceso al material, no tener para una fotocopia, no tener algo para tomar calentito en el invierno cuando saliste del trabajo o viniste caminando. Son todos factores que terminan siendo expulsivos. 

 

Pacto social

 

Es fundamental contar con horas docentes de apoyo para lo académico, de formación específica. Hay todo un discurso con respecto a para qué formamos a las personas, cuál es el objetivo, cuál es el estudiante que queremos que egrese … yo creo que en cierta medida se ha roto un pacto social. Antes se confiaba en que la educación era un camino que permitía realmente un acceso más democrático a las oportunidades.

 

Cuando vos le pegás a lo único que puede democratizar, cuando vos intentas flexibilizar y creer que todo tiene que ser más light para que te den los números entramos en un problema, porque los más complicados son los que más necesitan de ese espacio para acceder a la oportunidad, para ejercer el derecho a ser educado.

 

Es necesario que haya tutorías, que se conformen y se respeten horarios de equipos multidisciplinarios, que existan espacios reales dentro de una currícula para aprender, que se respeten los procesos de los gurises. En todo el oeste es fundamental contar con los recursos para que un estudiante tenga apoyo no solamente específico de asignatura, sino también a tantos chiquilines que tenemos sin diagnosticar, con determinadas condiciones que implican una desigualdad dentro del aula.

 

Detrás de la reforma

 

Necesitamos espacios de formación para los docentes, espacios que te permitan tener herramientas, que te den seguridad para estar dentro del aula y promover realmente una inclusión o un trabajo con la diversidad. La reforma lamentablemente, bajo un discurso de “vamos a dar más oportunidades", en realidad están haciendo todo lo contrario, están quitando recursos, están quitando espacios reales de aprendizaje en pos de que los números nos den.

 

Cada uno de estos gurises que vos tenés dentro del aula sean 40, sean 25, sean 80, son todos distintos, con necesidades particulares. Vos tenés un tiempo de clase y éstas reformas de alguna manera nos han obligado a tener un montón más de trabajo administrativo y de planificación, que obviamente está dentro del tiempo que supuestamente vos tenés que dedicarle a eso. 

 

El docente en educación media es multiempleo, vos no tenés un grupo de 40,  estamos hablando de que para tener 20 horas en literatura por ejemplo, tenés que tener 4 o 5 grupos y eso multiplicarlo por la cantidad de estudiantes. Además 20 horas es lo mínimo, la mayoría de los docentes tienen más de 40 horas para generar un sueldo que les permita sobrevivir.

 

Es hipócrita la postura del sistema, porque es imposible trabajar la diversidad cuando vos no podés ni siquiera conocerlos. Tenés en la misma aula un estudiante neurodivergente, uno que está pasando por una situación de violencia en su casa, uno que no come, tenés un chiquilín súper inteligente, brillante, que también hay que atenderlo y otro montón de singularidades. 

 

Cada vez que a vos te recortan un espacio, cuando te sentís solo trabajando de la puerta para adentro porque no tenés a quién recurrir, cuando uno ve que la situación del chiquilín no puede ser apoyada por nadie más, se te van cerrando las puertas a vos como docente, al chiquilín como estudiante y él también lo nota, se da cuenta que vos ténes que seguir trabajando y lo estás dejando afuera.

 

Son cosas con las que ténes que lidiar, tenés que tratar de trabajar y sostener desde otro lado, buscar el camino para que chiquilín de alguna manera entienda que no se le está dando una oportunidad, sino que él está ejerciendo un derecho a educarse y que si él se va, no están peleando por sus propios derechos, por lo menos eso es lo que intentamos hacer.

 

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